¿Las pantallas están afectando al desarrollo de mi hijo?
¿Las estoy usando bien?
¿Cuántas horas pueden pasar frente a ellas?
¿Debería prohibir su uso?
La utilización de pantallas por los niños no es un problema en sí mismo si su uso es consciente, acompañado y equilibrado. No es solo una cuestión de cuántas horas pasan frente a una pantalla, sino de cómo, cuándo y con quién la utilizan. Y ahí es donde las familias tenéis un papel fundamental.
“Si las pantallas no son malas por sí mismas, ¿por qué a los expertos en desarrollo infantil nos preocupa tanto su uso?”
Porque el cerebro de los primeros años se está organizando rápidamente y aprende principalmente a través de la interacción humana, el juego físico y las experiencias sensoriales directas. Las pantallas pasivas (simple visualización) no reemplazan estas experiencias y pueden desplazar actividades esenciales para el desarrollo del lenguaje, la atención, la interacción social y otras habilidades cognitivas.
Cuando el tiempo de pantalla va ocupando el lugar de estas experiencias básicas, no suele notarse de golpe, sino poco a poco, en pequeños detalles del día a día.
Qué señales te pueden ayudar a detectarlo?
Lenguaje
Un niño que pasa mucho tiempo frente a pantallas y poco tiempo en conversación real puede hablar menos, usar frases más cortas o tener dificultades para expresar lo que siente.
Ejemplo real que una madre me comentaba recientemente:
“Le entiendo porque le conozco, pero muchas veces usa ‘eso’, ‘ahí’ o ‘quiero eso’ en lugar de explicar lo que realmente necesita. Cuando le pregunto qué le pasa, me dice ‘no sé’ o se queda en silencio, aunque se nota que algo le molesta, como si no supiera expresarlo”.
Atención
Las pantallas suelen ofrecer estímulos rápidos y constantes. Esto puede hacer que luego le cueste mantener la atención en actividades más lentas y necesarias para su desarrollo, como escuchar un cuento, jugar a un juego de mesa o seguir una explicación en clase.
Ejemplo:
“No aguanta sentado escuchando un cuento, se levanta enseguida y se aburre rápido”.
Sueño
El uso de pantallas, sobre todo antes de dormir, puede alterar el ritmo del sueño y hacer que les cueste desconectar.
Ejemplo:
“Se acuesta tarde, da vueltas en la cama y necesita la tablet o el móvil para relajarse”.
Regulación emocional
La regulación emocional es la capacidad que tiene el niño para reconocer lo que siente, ponerle nombre y encontrar una manera de manejarlo. No es algo que venga aprendido: se construye poco a poco a través de la experiencia y del acompañamiento de los adultos.
Si la pantalla se usa siempre para calmar, distraer o evitar el enfado, el niño tiene más dificultades para aprender otras formas de gestionar lo que siente.
Habilidades sociales
El juego compartido enseña a esperar turnos, negociar, ponerse en el lugar del otro y resolver conflictos. Cuando esto se sustituye por pantallas, estas habilidades pueden desarrollarse con más dificultad.
Ejemplo:
“Le cuesta jugar con otros niños, se enfada rápido o prefiere estar solo con la tablet”.
No porque la pantalla sea “mala” en sí misma, sino porque no puede sustituir la experiencia real de relación y juego.
Cómo acompañar el uso de pantallas de forma saludable

Acompañar no es vigilar ni controlar. Es estar presentes, convertir la pantalla en una experiencia compartida y no en un sustituto de la relación.
Aquí os dejo algunas pautas prácticas:
1. Ver juntos siempre que sea posible
Especialmente en niños pequeños. Sentarse a su lado y comentar:
- lo que aparece,
- las emociones de los personajes,
- lo que sucede en la historia.
Esto favorece:
- el lenguaje,
- la comprensión emocional,
- la atención compartida.
Ejemplo:
“Mira qué cara pone, parece sorprendido. ¿Tú también te sentirías así?”
2. Hablar después de lo que han visto
No todo termina cuando se apaga la pantalla.
Preguntar:
- “¿Qué te ha gustado más?”
- “¿Qué parte te dio miedo?”
- “¿Qué habrías hecho tú?”
Esto ayuda a integrar lo vivido y a desarrollar pensamiento crítico.
3. Elegir el contenido con criterio
No todo lo “infantil” es adecuado. Conviene priorizar:
- contenidos lentos,
- historias comprensibles,
- lenguaje claro,
- estímulos no excesivos.
4. Establecer tiempos claros y predecibles
Los niños se regulan mejor cuando saben:
- cuándo empieza,
- cuánto dura,
- cuándo termina.
Ejemplo:
“Después de merendar vemos un capítulo y luego vamos a jugar”.
Una idea que os puede ayudar:
Un reloj de arena o un temporizador ayuda a que el niño vea cuánto tiempo le queda y acepte mejor el final de la pantalla. Al hacer el tiempo visible, se reducen los enfados y las discusiones porque el límite es claro y predecible.
5. No usar la pantalla como calmante emocional principal
Si la pantalla es siempre la solución para el aburrimiento, el enfado o la frustración, el niño no aprende a gestionar esas emociones por sí mismo.
Acompañar es ayudarle a:
- esperar,
- pedir ayuda,
- moverse,
- jugar,
- expresarse.
6. Proteger momentos clave del día
Hay momentos especialmente sensibles:
- las comidas,
- antes de dormir,
- al despertar.
Son espacios de vínculo y regulación emocional que conviene mantener sin pantallas.
7. Dar ejemplo revisando nuestros propios hábitos
Nuestros hijos aprenden observándonos. Les ayuda ver en nosotros una actitud coherente con lo que queremos enseñarles. Por ejemplo, intentar evitar:
- que nos vean siempre con el móvil en la mano,
- comer con pantallas,
- desconectar o relajarnos solo a través de dispositivos.
¿Entonces hay que eliminar las pantallas?
No, pero es importante retrasar su acceso lo máximo posible, y tener claro que el uso excesivo y sin acompañamiento puede interferir en el desarrollo de los menores, mientras que un uso moderado, consciente y acompañado puede integrarse sin mayores problemas.
Las pantallas no deben ser el centro de la infancia, sino una pequeña parte de ella. El resto lo ocupan:
- el juego libre,
- el movimiento,
- la relación,
- la palabra,
- el afecto.
Recomendaciones orientativas
El comité de expertos de Juventud e Infancia propone diversas medidas para crear entornos digitales seguros (diciembre, 2024)
- De 0 a 3 años: No exponer a los niños y niñas a los dispositivos digitales.
- De 3 a 6 años: Desaconsejar el uso de dispositivos digitales. Como excepción, en caso de necesidad y de forma puntual y bajo la supervisión de un adulto, se puede permitir, con el objetivo de mantener un contacto social, familiar o cuando se determine por resolución judicial.
- Hasta los 6 años: Se aconseja limitar el uso de dispositivos digitales por los adultos en presencia de menores.
- De 6 a 12 años: Se limita el uso de los dispositivos con acceso a Internet y se recomienda priorizar actividades vivenciales, deportivas, en contacto con la naturaleza y el entorno físico y presencial. Si se decide utilizar un dispositivo, bajo la supervisión de un adulto y para acceder puntualmente y con límites prefijados únicamente a contenidos adaptados a sus edades y capacidad.
- De 12 a 16 años: Si se decide permitir el acceso a dispositivos digitales, y como medidas de protección, es esencial instalar herramientas de control parental que permitan evitar el acceso a contenidos inadecuados, así como gestionar el tiempo de exposición, garantizando la adopción de medidas de seguridad y de configuración de la privacidad que todo dispositivo digital tiene.
- De 12 a 16 años: Priorizar el uso de teléfonos analógicos (de sólo llamada), sin acceso a internet, si se estima que son necesarios. Retrasar la edad del primer móvil inteligente (con conexión a internet) lo máximo posible. Si las familias deciden la entrega de un móvil inteligente antes de los 16 años, utilizar el control parental para limitar y monitorear el acceso a los contenidos y el tiempo de uso.
El papel de la psicopedagogía
Desde la psicopedagogía ayudamos a las familias a:
- entender cómo influyen las pantallas en cada etapa,
- observar si el uso está interfiriendo en el desarrollo,
- crear rutinas digitales saludables y seguras,
- acompañar sin culpa y sin extremos,
- recuperar el equilibrio entre tecnología y vida real.
Cada niño y cada familia son diferentes. Por eso no existen normas rígidas, sino orientaciones que se adaptan a cada situación. Si como familia sentís que el uso de pantallas os genera dudas, conflictos o preocupación, buscar orientación profesional no es exagerar: es cuidar del desarrollo y el bienestar de vuestros hijos desde la prevención.


